Ni viva, ni muerta, sino todo lo contrario...

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Jack Vettriano

Jack Vettriano

jueves, 12 de mayo de 2016

Hierba con aroma de lluvia


Entre el cúmulo de mitos y topicazos sobados que explotaron algunos arcaicos poetas, prima aquel canto falsario a la luz y su resplandor, de una imaginaria primavera.
Muy al contrario, en primavera suele jarrear con profusión, con un pertinaz empeño por desmentir la impostura de su manida leyenda.
Llueve en primavera como limpieza general, preludio del impoluto panorama veraniego.

La falacia va en detrimento de la hermosura del paisaje rural bajo esa lluvia pulcra, que pulimenta el suelo embarrado, fregando el fango para que brote la hierba y favorezca al campo alfombrado de verde.
Verde como el trigo verde y el verde, verde, limón.
Decorando un salón abierto al gratuito disfrute para todos los públicos, palaciego bajo la bóveda azul cielo, la hierba hace funciones de terciopelo, en la mansión regia y popular a la vez.

Ayer, por fuerza mayor, me desplacé a mi casa centenaria y remota, en el corazón de un pueblecito ignoto.

Amanecí a las seis de la mañana, en mitad de una paz gozosa de camposanto. 
Porque, lejos de escalofriarme, a mi, el cementerio me parece un lugar de Esperanza, así que sus silencios y penumbras, cuando me los inspira algún entorno familiar, me confortan y estimulan.
Excéntrica que es una.

El trayecto, a través de la autopista con su asfalto sórdido, se acortó gracias a un pálpito ilusionado, mi amor ancestral por el lugar de destino.

J.V.
Me dio la bienvenida la lluvia, que es la primavera en toda su verdad, sin ningún disimulo, la primavera más sincera.

Y pisé la hierba fragante a una humedad higiénica y sana.La hierba, cuajada de lágrimas de alegría, saludaba mi vuelta.

Cuando sueño despierta, porque dormida, solo duermo... sueño con vivir en la campiña inglesa, la más verde, la más lluviosa. Vestida de tweed a modo de aristócrata británica en los años 30, venida muy a menos, pero aferrada a su única fortuna: su casa familiar que resiste, erguida en la intemperie, las inclemencias del tiempo despiadado y dedica sus días a la jardinería y a ver crecer la hierba, oliendo a lluvia perfumada.

Vecina al pintoresco cottage de Miss Marple y sus detectivescas correrías, soñando siempre con idénticas novelas de mi adolescencia.
Novelas que leía en tardes lluviosas de primaveras juveniles, tan lejanas en mi madura cotidianeidad, pero tan próximas en mi tierno recuerdo de aquellos años mozos, a los que me transporta el aroma de la primavera desnuda, la primavera cual una mujer bella y rotunda, bajo la ducha purificadora.