Ni viva, ni muerta, sino todo lo contrario...

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Jack Vettriano

Jack Vettriano

miércoles, 8 de junio de 2016

"Al Cielo, por asalto"

El Cielo se toma por asalto

J.V.

Esta consigna, parafraseando el título de un libro del escritor Agustín Ramos, como un simple eslogan afortunado de campaña, fue pronunciada por boca de un político enardecido, henchido de demagogia. Me dolió hondo aquella manipulación torticera, con burda finalidad partidista, de algo a lo que, en un tiempo ya lejano, yo aspiraba con todas mis fuerzas.  
Llegada mi hora, ir al Cielo, pero para ver, frente a frente, el rostro de Cristo, la cara más amable de Dios, que Él clavara la intensidad de su mirada en mis ojos dolientes, que me recibiera como hija y como hermana.

Creía en Cristo que, roto en llanto, resucita a su mejor amigo Lázaro, para recuperar el gozo de su compañía, creía en Cristo que devuelve la vida a la niña de Jairo, porque no tolera ver sufrir a un padre amante, que perdona a las rameras y a las pecadoras, como yo, que multiplica panes y peces, para desterrar el hambre de la tierra, que camina sobre las aguas, para aumentar la fe de los que somos incrédulos.

En Cristo, a quién aquellos discípulos de Emaús, le ruegan Quédate con nosotros, porque su cercanía es la más grata y consoladora del mundo, en Cristo que promete el paraíso al Buen Ladrón, porque hace un acto de fe en el Dios clavado en la Cruz, el Dios más improbable.

En Cristo, que en Getsemaní vierte lágrimas de miedo, que son sangre viva y suplica porque, como cualquier otro hombre, teme el amargo trago del dolor Aparta de mí, este cáliz

En Cristo que redime y que salva a los que tienen hambre y sed de justicia y proclama bienaventurada a la buena gente, los limpios de corazón.

En Cristo, que devuelve la salud o la vista al ciego de Jericó porque se lo pide, se lo exige, a voces retadoras, en la convicción de que si Cristo accede, podrá contemplar, cara a cara, al mismo Dios.

Por eso, en aquel tiempo, clamaba yo también ¡Señor, que vea! con temor a perderme, como así fue, en una oscuridad sórdida donde, desgraciadamente, me instalé.

Me dolió, sí, porque en mi pequeñez tan miserable, hay una cosa muy grande que sé cierta: el Cielo no se toma por asalto, el Cielo se toma por Amor.