Ni viva, ni muerta, sino todo lo contrario...

Ni viva, ni muerta, sino todo lo contrario...
Jack Vettriano

Jack Vettriano

martes, 31 de mayo de 2016

La factura de la felicidad

Casi al alba, ella trajina de puntillas para no despertarle.
Un monstruo insomne la acecha cada noche. Trata de huir de su acoso empecinado que la agota, refugiándose en la luz de la ventana donde hilvana ideas deshilachadas.
Las horas se convierten en eternas amenazas de infinita duración.
Todo parece oscuro, el pasado nostálgico, el futuro enigmático, el árido presente, sin descanso reparador, inabordable.

Y él duerme, respirando con pausa tranquila de conciencia diáfana, como un niño confiado.
Ella le envidia y a la par, generosa paradoja, se felicita de la paz de su sueño.
J.V.
La tortura el presagio del agotamiento y por tanto, de su íntimo heroísmo para derrotar el cansancio que sentirá al día siguiente.
Cuando la arena de la noche en vela, lagrimee en sus ojos y tenga que enfrentarse a tantos quehaceres cotidianos que se alzarán retadores cual cimas inexpugnables.
Confidencias de las que todos la harán partícipe, persuadidos de obtener esa ayuda que presta siempre, si puede o aunque no pueda.

Cada amanecer un algo más ajada, con la fatiga maquillada en la piel y la sonrisa.
Escuchará problemas de minucias enormes para quien las padece, pesadumbres que son veleidades adolescentes.
Le hablarán de amores y dolores, más imaginarios que auténticos merecedores de angustia viva y levantisca.

Negará sus tristezas para que los demás la crean alegre, para que su alegría quimérica, los alegre a ellos.
Procurará la armonía y la serenidad, mientras su ínfimo pero abrasador infierno interior, la vaya consumiendo.

Pagará gustosa la factura de la felicidad, tan onerosa, porque lo que da, es a ella misma.

jueves, 26 de mayo de 2016

Amor de ida y vuelta

Se perdieron ambos el uno del otro, distanciaron su ya tan largo camino juntos, para explorar abruptos atajos y senderos escarpados. Se alejaron mutuamente, faltos de energia, exhaustos, desorientados en el laberinto del desencuentro.

Cuando, vencidos por el desaliento, creyeron desahuciado a aquel antaño vigoroso amor, agonizante; un anochecer, el amor les suplicó renqueando, un último esfuerzo por recuperar el hálito desvanecido.
"Long Time Gone"
J.V.

Le aplicaron la respiración artificial en un boca a boca enfebrecido, de cuerpos y palabras ardientes, que le rescataron con primitivo instinto de supervivencia, fieramente humano y entrada la madrugada, el amor se irguió con fortaleza, fruto de la lucha, infundida por todas las ganas del mundo de seguir vivo. 

El amor volvió a su vida porque nunca se había ido.
Ahí estaba, agazapado en su lecho, en su pan compartido, en una esquina recóndita del corazón de cada uno.

viernes, 20 de mayo de 2016

Catetos contemporáneos

De un tiempo a esta parte, se han puesto muy en boga una ristra de palabros absurdos, estrambóticos, pedantes, que atentan contra la pureza del idioma y la emprenden a patadas con el diccionario.

La culpa de su popularidad la tienen, fundamentalmente, ¡cómo no!, los políticos, porque abrigo con una creciente suspicacia, la convicción de que ellos son el origen de tantos males que nos afligen.

Postureo, gesticulación, hoja de ruta, líneas rojas, equidistancia...
Con voz campanuda y gesto adusto, la nariz arrugada como si sus votantes fuéramos chusma maloliente, se dirigen a nosotros, pobres mortales, con condescendencia insultante, desde sus púlpitos televisivos, parloteando ese lenguaje de nuevo cuño, paupérrimo, plagado de términos grandilocuentes pero hueros, que son un ataque en toda regla a la riqueza del español, pues distorsiona una belleza milenaria, que engrandece al aldeano que puede ser un orador preciosista, porque respeta el purismo que avala la tradición y denigra al ricacho o al intelectualoide, que innova torpemente, con ínfulas progresistas.
J.V.
Un idioma, el nuestro, que se habla en más de la mitad del planeta, por gentes variopintas que le imprimen una cadencia, un ritmo, un silabeo, un acento peculiar, para componer una partitura de música maravillosa por diversa, armonizada con la riqueza compartida de la letra común.

Ensalzaba Rubén Darío: A la América hispana, que aún reza a Jesucristo y aún habla en español...
Parece que el poeta presiente en su uso del circunstancial, la posibilidad aterradora de que el patrimonio que heredamos, de generación en generación, se pierda, se despilfarre por administrarlo con frívola e irreverente irresponsabilidad, que es lo que está ocurriendo.
Dilapidar aquel legado inmerecido, del que disponemos por generosa gratuidad ancestral, es una estulticia que la Historia nos demandará.
Con toda la razón. Somos culpables, por acción y por omisión. 
Entre los apócopes comodones del guasapeo, el espanglish pijotero y el repelente politiqués, vamos degenerando en un analfabetismo, cuanto más pretencioso, más cateto.

Empobrecer el vínculo fraterno, el lazo que une a millones de ciudadanos del mundo, denigrar el vehículo que propicia el hermanamiento, por obra y gracia del sortilegio de que, al hablar el mismo idioma, damos un paso gigantesco en el arduo camino de entendernos, tipifica un crimen de lesa humanidad.

Para culminar el escarnio, aquellos que con mayor saña, agreden a la palabra en toda su grandeza, alardeando de aires de superioridad, luego apelarán a la murga del diálogo.

¡Indignante paradoja!  

jueves, 19 de mayo de 2016

Lo mejor de la vida

Hace muchos años, por mi alocada mala cabeza y espíritu temerario, cometí la imprudencia de visitar Port Aventura.
Todavía muy próxima la fecha de su inauguración, el parque ofrecía a los incautos que nos dejábamos caer por sus instalaciones, su atracción estrella: el Dragón Khan.
Como ya sabréis, por amarga experiencia tal vez, se trata de una versión sofisticada y técnicamente puntera, de la tradicional montaña rusa.
Bien, en puridad, es un auténtico instrumento de tortura, que te somete a imposibles jeribeques aéreos, volteretas, caídas en picado, vertiginosas remontadas, que te inducen a creer en la posibilidad de alcanzar las nubes con las manos. Algodón en rama en todo lo alto, que se desvanece bruscamente, cuando un súbito viraje vertical del diabólico amasijo de herrumbre, amenaza estrellarte contra el suelo.

Una locura.
Metafóricamente, así es la vida.
Una suerte de ruleta rusa, la bala eres tu misma, en el disparadero de un destino caprichoso, arbitrario, incierto, ¡peligrosísimo!
J.V.
Los rara avis son aquellos, que haberlos, haylos, en la frondosa viña del Señor, que vienen al mundo a vegetar plácidamente, durante sus luengas existencias babeantes y soporíferas, de centenario hastío.
Aunque en no pocas ocasiones, me han dado auténtica envidia. Pelusa pringosa y rastrera, por comparación a los vaivenes, sobresaltos, sustos, alarmas, turbaciones, accidentes e incidentes, chascos, pasmos, perplejidades, sorpresas y conmociones, que me ha deparado el azar.

Yo a los palacios subí, yo a las cabañas bajé...declama Don Juan Tenorio...Pues ¡voto a bríos! que puedo decir lo mismo.
He transitado, sin siquiera una piadosa pausa que me permitiera respirar, del gozo al desconsuelo, del acerbo dolor a una felicidad esclatante.

He apurado el cáliz hasta las heces, pero también, he gustado las mieles de instantes de clímax placentero.

Ahora, tengo una ilusión enorme, infinita.
De momento, es una esperanza minúscula que apenas pesa cien gramos y descansa en su regazo biológico, acurrucada en un pliegue endometrial, protegida por la acogedora calidez del útero de su mamá. 
Cuando nazca, arrullarla será una de las mayores alegrías de mi vida. La más grande, quizás.
¡En otoño, voy a ser abuela!

Desde luego, afirmo con rotundidad jubilosa y exultante, lo mejor de la vida, es la vida misma.

miércoles, 18 de mayo de 2016

Dies irae

Hoy, es el dia de la infamia. Dies irae. El dia de la ira.

Empleo el término ira, en una acepción particular, no como sinónimo agresivo y beligerante de cólera, sino descriptivo de un estado de ánimo entre el dolor más profundo y una rabia contenida, legitimada ante la circunstancia que va a producirse.
J.V.
Que impediría tan solo un rayo justiciero,  no vengador, al caer sobre la cabeza hueca o saturada de odio de quienes han promovido el rendez vous, por algún ignoto motivo despreciable, ajeno al respeto, a la solidaridad, a la dignidad, ¡al cariño! - amor con obras- de los que somos acreedores hacia las víctimas del criminal que hoy, comparece, agasajado, jaleado por inicuas risotadas de hienas, en el Parlamento catalán.

Dies irae, se cantaba con gravedad gregoriana en los funerales. Y en el alma de las personas de bien, hoy, dies irae, se reza un Padrenuestro, por los niños que jugaban en el patio de la casa cuartel de Vic, las chiquillas dormidas en Zaragoza, la mujer embarazada reventada en Hipercor, donde acudió a comprarse un bañador, el muchacho inocente, indefenso,  a quien los terroristas etarras sentenciaron, impávidos, a muerte, en Ermua, los abnegados servidores del Estado, que velaban por todos en tantas esquinas de España; un responso por los sepultados en vida, en sus tumbas: zulos fétidos de vómitos excretados por la angustia de los interminables dias siempre noches.

Hoy, dies irae, uno de esos gudaris endosará su perorata, de paz y de libertad.
La paz de los muertos enterrados a escondidas, en las iglesias vascas, rociados los féretros, deprisa y corriendo, con agua bendita derramada por curas pusilánimes.
Hoy, dies irae, el ilustre invitado, proclamará entre vítores de sus cínicos anfitriones, su execrable percepción de libertad.
La libertad que expoliaba a mano armada, cuando participó en varios secuestros.

Con rostros severos, descompuestos, desencajados, de mirada acerada; quienes asistimos horrorizados al delirio de los que idolatran la maldad, le contemplaremos asistiendo a un simbólico funeral,celebrado por cada uno en la intimidad de nuestros hogares, que harán las veces de solemne catedral.
Porque nos confortaremos juntos, escuchando el perpetuo duelo de las notas del Dies irae.

En el Parlament, si queda alguien que conserva un ápice de humanidad, espero que se sobrecoja cuando, en un rapto de lucidez, crea percibir el llanto de padres y madres, los gritos de heridos y mutilados...o aunque no oiga nada.
Será el silencio de aquellos que han enmudecido, porque los cómplices del visitante les arrebataron la voz, la vida.

lunes, 16 de mayo de 2016

Cualquier tiempo pasado

Fue una tarde de sábado impregnada de una nostalgia alegre. Gente joven contemplando con ojos de asombro zumbón, viejos, cada día más viejos y acartonados, álbumes de fotos que amarillean.

Una novia coquetona que parece una muñeca. Aquella abuela que se ha difuminado fatalmente en lontananza. Mi padre, en la actualidad, ausente en la bruma de su edad provecta, en la que se pone el sol y sus neuronas padecen ya la oscuridad progresiva del ocaso.

En mi memoria enardecida, se iluminan flashes fulgurantes: unas frenéticas cosquillas a un bebé que carcajea, una sonrisa comedida y sugerente cuando se inició aquel romance adolescente, la desesperación embridada a duras penas, ante la pérdida de quién quise tanto.
J.V.
Una vida en imágenes, años ya incalculables, que el objetivo fotográfico ha idealizado, hasta dificultar el discernimiento de si en realidad, fueron mejores que el tono sepia que adquiere, mi presente.

La  gran distancia en el tiempo tiende, benévola, a magnificar el instante, a santificar cada recuerdo, a embellecer aquello  que sería ingrato.

El pasado es engañoso, la añoranza, tan sensiblera que nubla la verdad incontestable de que, mejor que permitir a la imaginación ensalzar torticeramente lo que fue, hay que gozar del privilegio de haber llegado hasta aquí.

Y celebrar, apurando el momento, el triunfo de la supervivencia, no perdernos ni un fotograma de lo que, ahora, es.

sábado, 14 de mayo de 2016

El rencor renacido


De un tiempo a esta parte, siento el corazón en un puño, devastado por una tristeza sorda y punzante, que no es el sentimiento que generan los anticuerpos espirituales defensivos, para hacer frente a una pérdida muy querida, un revés familiar o una decepción en el ámbito íntimo. No, no. Es una honda angustia nunca antes padecida, un batiburrillo emocional entre la pena, la impotencia y el miedo al porvenir.

J.V. (Yesterday dreams)

Una  amenazadora profecía que se respira en esa atmósfera hedionda de odio a mi alrededor, a nuestro alrededor.
Una alegoría en la que millares de buitres sobrevolaran mi país, en avanzado estado de descomposición, al acecho siniestro de devorar lo que quede de carroña.

Recorre las calles una procesión de walking dead, portando estandartes tan decrépitos, que están hechos jirones.Ensangrentados, baqueteados en batallas que su memoria no se apresta a orear. Por contra, ciertas gentes los inmolan nuevamente, infectos apósitos para restañar heridas que cerradas en falso, siguen supurando rabia.

En mi juventud, abrazamos una hermosa utopía que se dio en llamar concordia.
Hoy, son los jóvenes, ¡qué anacronismo por Dios!, no personas ancianas, ancladas en la amargura del pasado, quienes atizan el rescoldo de fratricidas agravios.
Los que reivindican cadáveres y excavan cunetas para resucitarlos sin éxito, porque la vida nunca vuelve de la muerte y luego, utilizar sus patéticos restos cual arma arrojadiza, son unos imberbes que jamás conocieron el rigor de la dictadura, ni tampoco el alba de la libertad, hoy maltrecha.

Una generación que debería mirar al horizonte del futuro, se agazapa en trincheras, tiempo atrás desmanteladas por el armisticio constitucional.
Desde todos los rincones del castillo patrio, resuena un ulular de fantasmas y espectros, que conviene dejar descansando en paz.
Se levantan barricadas en la defensa doctrinaria de divisas que el mundo occidental, se conjuró para que durmieran, no el sueño de los justos, sino la eterna pesadilla con la que pretendieron condenar a la Humanidad.

Se corean y proclaman, esgrimiendo la más dolosa ignorancia, consignas que hace decenios, cumplieron una inexorable fecha de caducidad.
Se espolea la venganza y el rencor renacido consume espíritus innobles.

Mi tristeza es la insoportable sensación de derrota moral, en el empeño de una convivencia en paz.
Un dejà vu histórico, estremecedor.

viernes, 13 de mayo de 2016

De divinos prodigios...


Como la mayoría de chiquillas de mi generación, fui educada en un catolicismo que pasó, por mor de furiosos vendavales de cambio político, de gazmoño a bolivariano.
Las monjitas de foscos hábitos y albas tocas, se disfrazaron, de la noche a la mañana, de progres con vaqueros de campana y holgadas camisas a cuadros.
Castigaron al catecismo de cara a la pared y esa fe, formalista, carrinclona, pero firme, fue arrollada por el relativismo y la ambigüedad, agazapada en términos vaporosos como la paz, la solidaridad, la fraternidad...
Conceptos que abrazaría el mísmisimo Robespierre.

Servidora, pues, fue de niña, una miniatura encorsetada por las rigideces nacionalcatólicas, de adolescente, piadosa acólita de la tropa del Che y más adelante, ecléctica devota de ambas corrientes doctrinales, alternativamente.

A todo esto, Dios se difuminaba en su esencia. La figura de Cristo oscilaba: ora un guerrillero, ora Hijo encarnado del Padre eterno.
Caos en mi alma. Desconcierto en mi vida.


J.V.
Entre los modernos discípulos, una amalgama variopinta.
Personas cuyo ejemplo era maravilloso y aleccionador. Otros, que comulgaban con el alma infectada de ronchas de falta de caridad y coherencia.

Valga este preámbulo, para explicar mi peligrosa deriva hacia el escepticismo.
En la actualidad, creo muy poco en nada.
Con las excepciones de rigor, la gente me escama, los políticos me asquean, los sacerdotes me admiran, a veces, mientras que otras, me escandalizan.

Siempre me ha ocurrido que una fuerza imperiosa y huracanada, me ha ido empujando, en muchas ocasiones, ¡demasiadas!, al borde del abismo, para cuando amenazaba con despeñarme vertiginosamente, recogerme en brazos de un viento salvífico, rescatándome indemne.

Me sucedió asi, cuando una mañana infausta, me levanté y tras años de escribir con compulsión apasionada, mejor o peor, pero con un reguero pasmoso de palabras, descubrí, horrorizada, que había perdido esa facultad innata.
Era incapaz de redactar una carta, una nota, ¡la lista de la compra!
Nada.
Una dulce neuróloga cubana, me informó, con caribeña pero implacable cadencia, de que en mi cerebro, aparecía una lesión indefinible, quizá un signo de hipoxia, de algún daño en el córtex o de un negro presagio degenerativo...
¡Albricias! De nuevo, al filo del precipicio.
Me entristecí, me enfurecí y finalmente, me resigné a un destino agráfico.
Al papel en blanco en que se había convertido mi existencia, antaño pletórica de letras.

Pasaros largos meses.
No acudí a Dios. ¿Para qué molestarlo con mis conspiranoicas neuronas sublevadas contra mí?

Confieso también, que mi fe estaba tan debilitada, casi extinta, que creía que ya no creía en Dios.

Pero, ahora y también de un día para otro, ¡heme aquí!
No he recurrido a la Ciencia, que se rindió impotente, ni a la Divinidad, contra quien blasfemaba enfadada.

¿Qué ha sucedido, entonces?
No lo sé.

Aunque entre el mero capricho del azar y el absurdo de un Dios que escribe derecho con renglones torcidos, me quedo con este último.
Sin dudarlo.

jueves, 12 de mayo de 2016

Hierba con aroma de lluvia


Entre el cúmulo de mitos y topicazos sobados que explotaron algunos arcaicos poetas, prima aquel canto falsario a la luz y su resplandor, de una imaginaria primavera.
Muy al contrario, en primavera suele jarrear con profusión, con un pertinaz empeño por desmentir la impostura de su manida leyenda.
Llueve en primavera como limpieza general, preludio del impoluto panorama veraniego.

La falacia va en detrimento de la hermosura del paisaje rural bajo esa lluvia pulcra, que pulimenta el suelo embarrado, fregando el fango para que brote la hierba y favorezca al campo alfombrado de verde.
Verde como el trigo verde y el verde, verde, limón.
Decorando un salón abierto al gratuito disfrute para todos los públicos, palaciego bajo la bóveda azul cielo, la hierba hace funciones de terciopelo, en la mansión regia y popular a la vez.

Ayer, por fuerza mayor, me desplacé a mi casa centenaria y remota, en el corazón de un pueblecito ignoto.

Amanecí a las seis de la mañana, en mitad de una paz gozosa de camposanto. 
Porque, lejos de escalofriarme, a mi, el cementerio me parece un lugar de Esperanza, así que sus silencios y penumbras, cuando me los inspira algún entorno familiar, me confortan y estimulan.
Excéntrica que es una.

El trayecto, a través de la autopista con su asfalto sórdido, se acortó gracias a un pálpito ilusionado, mi amor ancestral por el lugar de destino.

J.V.
Me dio la bienvenida la lluvia, que es la primavera en toda su verdad, sin ningún disimulo, la primavera más sincera.

Y pisé la hierba fragante a una humedad higiénica y sana.La hierba, cuajada de lágrimas de alegría, saludaba mi vuelta.

Cuando sueño despierta, porque dormida, solo duermo... sueño con vivir en la campiña inglesa, la más verde, la más lluviosa. Vestida de tweed a modo de aristócrata británica en los años 30, venida muy a menos, pero aferrada a su única fortuna: su casa familiar que resiste, erguida en la intemperie, las inclemencias del tiempo despiadado y dedica sus días a la jardinería y a ver crecer la hierba, oliendo a lluvia perfumada.

Vecina al pintoresco cottage de Miss Marple y sus detectivescas correrías, soñando siempre con idénticas novelas de mi adolescencia.
Novelas que leía en tardes lluviosas de primaveras juveniles, tan lejanas en mi madura cotidianeidad, pero tan próximas en mi tierno recuerdo de aquellos años mozos, a los que me transporta el aroma de la primavera desnuda, la primavera cual una mujer bella y rotunda, bajo la ducha purificadora.

miércoles, 11 de mayo de 2016

Apología de la agorafobia


Llevaba yo, años ha, una trepidante vida social y profesional. Perejil de todas las salsas, novia en la boda y difunta en los entierros, me iluminaba la luz efímera del foco de la popularidad que se apaga por causas varias. La enfermedad, la más temible, fue mi caso.

Víctima del hastío de las amigas que traicionan, las relaciones que se enraizan en el interés y la frivolidad del ocio que pervierte el lazo del afecto, la cloaca de la murmuración, el fantasma de la calumnia, en definitiva, el descubrimiento de que el querer es frágil y embustero, veleidedoso, traicionero.

Busqué refugio en mi misma pero encontré entonces, una mujer enigmática que desconocía, contradictoria que me desorientaba y no me gusté.
Concluí que si yo, en mi mismidad, me rechazaba...¿como iba mi entorno a aceptarme de buen grado?
Justifiqué pues, el repudio de quienes creí mi gente y me castigué merecidamente a cien años de soledad en mi Macondo doméstico.
Sin realismo mágico.
Solo con soledad como penitencia, entre cuatro paredes de la cotidiana celda de mi hogar, impuesta.

J. V.

Y durante este tiempo de condena, la vida ha sido llevadera.
Hasta que ahora, me pesa como losa el aislamiento. Sin fuerzas para emprender la huida y salir a gritar libertad por las calles amenazantes de gentes y bullicios, lanzo desde aquí, mi mensaje de náufrago, en una botella virtual al cibermar, al ciberespacio.

Ignoro si este clamor de computadora será escuchado. O no.
O la pena de agorafobia no es revisable y es perpetua.
En ese caso, me conformo, pero no me callo.
Que el teclado plasme el testimonio de mi agorafobia voluntaria, aunque a ratos, a regañadientes, a contrapelo.
Otros, soy feliz en mi encierro.
Eremita urbana, Yo soy yo y mi circunstancia.

En el fondo, como todos. Pero sin disimulo de cháchara, de besuqueos, de infames cotilleos.
Auténtica en la extravagancia de hacer huelga de deberes y obligaciones que tributar a la sociedad.
Egoísta, quizá.

Reitero, como todos, pero, para bien o para mal, a mi manera.