Ni viva, ni muerta, sino todo lo contrario...

Ni viva, ni muerta, sino todo lo contrario...
Jack Vettriano

Jack Vettriano

viernes, 13 de mayo de 2016

De divinos prodigios...


Como la mayoría de chiquillas de mi generación, fui educada en un catolicismo que pasó, por mor de furiosos vendavales de cambio político, de gazmoño a bolivariano.
Las monjitas de foscos hábitos y albas tocas, se disfrazaron, de la noche a la mañana, de progres con vaqueros de campana y holgadas camisas a cuadros.
Castigaron al catecismo de cara a la pared y esa fe, formalista, carrinclona, pero firme, fue arrollada por el relativismo y la ambigüedad, agazapada en términos vaporosos como la paz, la solidaridad, la fraternidad...
Conceptos que abrazaría el mísmisimo Robespierre.

Servidora, pues, fue de niña, una miniatura encorsetada por las rigideces nacionalcatólicas, de adolescente, piadosa acólita de la tropa del Che y más adelante, ecléctica devota de ambas corrientes doctrinales, alternativamente.

A todo esto, Dios se difuminaba en su esencia. La figura de Cristo oscilaba: ora un guerrillero, ora Hijo encarnado del Padre eterno.
Caos en mi alma. Desconcierto en mi vida.


J.V.
Entre los modernos discípulos, una amalgama variopinta.
Personas cuyo ejemplo era maravilloso y aleccionador. Otros, que comulgaban con el alma infectada de ronchas de falta de caridad y coherencia.

Valga este preámbulo, para explicar mi peligrosa deriva hacia el escepticismo.
En la actualidad, creo muy poco en nada.
Con las excepciones de rigor, la gente me escama, los políticos me asquean, los sacerdotes me admiran, a veces, mientras que otras, me escandalizan.

Siempre me ha ocurrido que una fuerza imperiosa y huracanada, me ha ido empujando, en muchas ocasiones, ¡demasiadas!, al borde del abismo, para cuando amenazaba con despeñarme vertiginosamente, recogerme en brazos de un viento salvífico, rescatándome indemne.

Me sucedió asi, cuando una mañana infausta, me levanté y tras años de escribir con compulsión apasionada, mejor o peor, pero con un reguero pasmoso de palabras, descubrí, horrorizada, que había perdido esa facultad innata.
Era incapaz de redactar una carta, una nota, ¡la lista de la compra!
Nada.
Una dulce neuróloga cubana, me informó, con caribeña pero implacable cadencia, de que en mi cerebro, aparecía una lesión indefinible, quizá un signo de hipoxia, de algún daño en el córtex o de un negro presagio degenerativo...
¡Albricias! De nuevo, al filo del precipicio.
Me entristecí, me enfurecí y finalmente, me resigné a un destino agráfico.
Al papel en blanco en que se había convertido mi existencia, antaño pletórica de letras.

Pasaros largos meses.
No acudí a Dios. ¿Para qué molestarlo con mis conspiranoicas neuronas sublevadas contra mí?

Confieso también, que mi fe estaba tan debilitada, casi extinta, que creía que ya no creía en Dios.

Pero, ahora y también de un día para otro, ¡heme aquí!
No he recurrido a la Ciencia, que se rindió impotente, ni a la Divinidad, contra quien blasfemaba enfadada.

¿Qué ha sucedido, entonces?
No lo sé.

Aunque entre el mero capricho del azar y el absurdo de un Dios que escribe derecho con renglones torcidos, me quedo con este último.
Sin dudarlo.

4 comentarios:

  1. A medida que cumplo años lo de los renglones torcidos es cada vz más claro.
    Quien sabe si es precisamente ésa mudez la mejor forma de preparar los mejores textos...quien sabe.
    Tus lineas se leen con serenidad y fuerza.

    Oxímoron

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  2. Leyendo tu interesante reflexión de hoy, me viene a la cabeza cierta noticia que se publicó a la muerte de Santiago Carrillo, ateo recalcitrante, en la que cierta periodista, amiga íntima del personaje, desvelaba que en sus últimos momentos pidió los Sacramentos, se confesó y entregó su alma a Dios...
    Creo que, quien más y quien menos, a medida que nos hacemos mayores y por muy descreídos ,agnósticos y ateos que seamos o lo hayamos sido, volvemos a creer en algo, llámese Dios u otras manifestaciones divinas. Por pura necesidad o por miedo o porque hacemos una especie de regresión a lo que creíamos de pequeños, por educación...no lo se pero mi experiencia se parece mucho a la tuya, amiga. Hoy, no es que sea una meapilas ni una beata convencida. Practíco una religión muy sui géneris, muy particular pero me considero creyente. Lo mismo le pido a Dios ayuda para mi gente que le doy las gracias y cumplo mis promesas como agradecimiento. Porque no sólo hay que pedir. Hay que agradecer el favor también.
    Por cierto que los simios -chimpancés y bonobos - practican una especie de protoreligión, según las últimas investigaciones. Igualmente se sabe que tienen conciencia de la muerte como los elefantes...Esto es muy significativo y hace pensar que el ser humano necesita trascender su existencia hacia algo que aún no somos capaces de entender.

    Un beso, querida.

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  3. Oxímoron, siempre me alegra coincidir contigo. Es señal de ir en el buen camino. Muy agradecida

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  4. Anastasia, guapa, como antaño, como siempre, tu comentario enriquece enormemente el post. Muchísimas gracias!

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