De un tiempo a esta parte, se han puesto muy en boga una ristra de palabros absurdos, estrambóticos, pedantes, que atentan contra la pureza del idioma y la emprenden a patadas con el diccionario.
La culpa de su popularidad la tienen, fundamentalmente, ¡cómo no!, los políticos, porque abrigo con una creciente suspicacia, la convicción de que ellos son el origen de tantos males que nos afligen.
Postureo, gesticulación, hoja de ruta, líneas rojas, equidistancia...
Con voz campanuda y gesto adusto, la nariz arrugada como si sus votantes fuéramos chusma maloliente, se dirigen a nosotros, pobres mortales, con condescendencia insultante, desde sus púlpitos televisivos, parloteando ese lenguaje de nuevo cuño, paupérrimo, plagado de términos grandilocuentes pero hueros, que son un ataque en toda regla a la riqueza del español, pues distorsiona una belleza milenaria, que engrandece al aldeano que puede ser un orador preciosista, porque respeta el purismo que avala la tradición y denigra al ricacho o al intelectualoide, que innova torpemente, con ínfulas progresistas.
![]() |
| J.V. |
Un idioma, el nuestro, que se habla en más de la mitad del planeta, por gentes variopintas que le imprimen una cadencia, un ritmo, un silabeo, un acento peculiar, para componer una partitura de música maravillosa por diversa, armonizada con la riqueza compartida de la letra común.
Ensalzaba Rubén Darío: A la América hispana, que aún reza a Jesucristo y aún habla en español...
Parece que el poeta presiente en su uso del circunstancial, la posibilidad aterradora de que el patrimonio que heredamos, de generación en generación, se pierda, se despilfarre por administrarlo con frívola e irreverente irresponsabilidad, que es lo que está ocurriendo.
Dilapidar aquel legado inmerecido, del que disponemos por generosa gratuidad ancestral, es una estulticia que la Historia nos demandará.
Con toda la razón. Somos culpables, por acción y por omisión.
Entre los apócopes comodones del guasapeo, el espanglish pijotero y el repelente politiqués, vamos degenerando en un analfabetismo, cuanto más pretencioso, más cateto.
Empobrecer el vínculo fraterno, el lazo que une a millones de ciudadanos del mundo, denigrar el vehículo que propicia el hermanamiento, por obra y gracia del sortilegio de que, al hablar el mismo idioma, damos un paso gigantesco en el arduo camino de entendernos, tipifica un crimen de lesa humanidad.
Para culminar el escarnio, aquellos que con mayor saña, agreden a la palabra en toda su grandeza, alardeando de aires de superioridad, luego apelarán a la murga del diálogo.
¡Indignante paradoja!

Amiga, qué razón tienes. Es un verdadero crimen intelectual corromper y prostituir nuestra preciosa lengua como lo hacen, empezando por los politicos y su mal ejemplo que dan en todos los sentidos. Según iba leyendo tus reflexiones, cargadas de razón, de lógica y de un sentimiento al que me sumo rotundamente, me estaba acordando de la última puntilla que han dado a nuestro idioma, presentando en el Festival de Eurovisión, nuestra canción cantada en inglés...Parecerá una tontería sin importancia y hasta hubo gente que lo justificó en aras de un mejor entendimiento para los votantes europeos del certámen pero a mí me pareció una puñalada más a nuestra cultura. Como si hubiera que avergonzarse de nuestra lengua...
ResponderEliminarQué mal vamos y qué mal vamos a terminar por este camino. Renegando de todo lo nuestro, despreciando una lengua tan importante en el mundo, creadora de las primeras universidades y correa de trasmisión de la cultura Occidental. Qué triste.
Un beso, querida.
PD. El día que nos juntemos en vivo y en directo...arde Troya jajajaj.
¡Hola anastasia! Oye, ¡qué interesante y atinada reflexión aportas con el ejemplo de Eurovisión! Realmente, ilustra a la perfección el post.
ResponderEliminarAcomplejarse de hablar un idioma de la envergadura del español es lamentable...
Muchísimas gracias y un abrazo grande